Sepultan la realidad (16)
Entierran la verdad Lejos de magnificar la declaración de Liliana García, esposa del doctor Acosta —principal sospechoso por el severo método de las inferencias—, la Procuraduría prefirió enderezar el rumbo del expediente hacia el blanco más cómodo: Guadalupe de la Peña. Aquella tarde, en los fríos separos de la Policía Judicial, la fiscalía la sometió a más de seis horas de interrogatorio, como quien mete a una mujer en un horno lento con la esperanza de que se quiebre. El fiscal, con la paciencia de un verdugo metódico, le disparó ciento veintisiete preguntas. La mayoría no nacían de la investigación, sino del pantano de los mitotes, de los rumores pagados, de las inserciones venenosas que los medios reproducían como verdades evangélicas. El propósito era claro y antiguo: enfurecerla, hacerla hervir hasta que reventara y se declarara culpable, tal como había logrado antes con Azucena Mendía, a quien el mismo fiscal había señalado como asesina del gringo Stanley Clayton en una re...