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Detención de Esaúl (15)

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Detención de Esaúl Corría el año de 1991 cuando el comandante Alberto Robledo Serrano, después de haber sido durante doce meses el ángel guardián de los mañosos mejor arreglados con los jefes políticos del estado, fue trasladado a las tierras calientes de Tamaulipas. Allí siguió vendiendo su sombra protectora a los mismos intereses de primer nivel. En su lugar llegó, como un mal presagio envuelto en polvo sonorense, un comandante nuevo, precedido por fama de maldito desde su natal San Luis Río Colorado. Apenas una semana había transcurrido cuando, en contubernio perfecto con Guillermo Murrieta López, irrumpieron en la isla del Carmen y cayeron sobre los narcos que allí operaban como si fueran dueños de la marea y del viento. Aquella tarde, los periodistas Alberto González y Jacinto Romero, novel este último, entrevistaban al delegado de la PGR, Mario Lagos Hernández, en las oficinas de Márquez de León. De pronto, la puerta se abrió con violencia de tormenta. Entraron varios agentes f...

El Proud Lady (14)

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Capítulo III El Proud Lady En las aguas turbias del Pacífico, donde el viento del noroeste susurra secretos que ningún mapa registra, la DEA abrió los ojos. Descubrió que los políticos de Baja California Sur no eran meros espectadores del tráfico: eran los guardianes silenciosos, los cómplices de terciopelo que abrían las puertas de la península a los cargamentos blancos que bajaban desde Colombia como espectros de nieve. Michael Roger Batista Beesbe hablaba con la frialdad del que ha contado billetes hasta perder la cuenta del alma. Confesó que entregaba doscientos mil dólares a Raúl Salinas de Gortari por cada cargamento que surcaba la ruta de Baja California Sur. Hasta que, el 25 de agosto de 1990, a pocos minutos de cobrar dos toneladas de cocaína en Santa Ana, California, la policía norteamericana le cerró el círculo. El hermano del Presidente, decían las sombras, se arreglaba personalmente con los narcos en la isla del Carmen, frente a Loreto, aquella primera capital de las Cali...

Venció Tomás (13)

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Venció Tomás El rostro del comandante Miguel Ángel Carrola Gutiérrez se quebró como máscara de barro seco bajo el sol implacable de la impunidad. Salió del privado con los ojos inyectados de rabia contenida, esa rabia que no grita, sino que susurra órdenes letales. Ante sus agentes, la voz le salió ronca, casi un lamento de lobo herido: —Nos vamos para Mexicali, Baja California. Hay que dejar esta plaza. Llévense todo lo que puedan rapiñar hasta el día 15. Y vayan con sus protegidos… que les quiten hasta el último aliento de lo que guardan. Luego, más sereno, como quien afila un cuchillo en silencio, ordenó a su hermano: —Jálate a Egidio. Que entre al privado. En la penumbra de aquel cuarto que olía a cigarro rancio y miedo añejo, el agente del Ministerio Público Egidio Torre Gómez y el comandante sellaron un pacto de sombras. Consignarían a Omar Yáñez Álvarez y a Juan Sandoval Cota como los autores materiales de la muerte de Fernando Jordán de la Toba, el joven deportista cuya sangre...

Un día después (12)

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Un Día Después Era diciembre de 1989 y el aire de La Paz olía a salitre, a pólvora mojada y a miedo. Un hombre sin rostro, cansado hasta los huesos de ver cómo la verdad se torcía cada mañana en los periódicos como un trapo sucio, decidió que ya no bastaba con callar. Tomó papel, pluma y una vieja máquina de escribir. No buscaba fama ni gloria; sólo quería encender, aunque fuera con una chispa débil, el fuego libertario que duerme en el pecho de todo ciudadano que aún se considera hombre. Así nació la circular. Dos hojas fotocopiadas, modestas, casi humildes, comenzaron a circular de mano en mano, de buzón en buzón, como un rumor que se niega a morir. En ellas no había gritos ni consignas de barricada. Había, en cambio, la voz pausada y grave de un padre de familia que habla mirando a los ojos a otro padre de familia: «Estimado conciudadano…» Y contaba, sin adornos baratos, cómo un hombre llamado Miguel Ángel Carrola Gutiérrez había llegado con la bandera noble de combatir el narco y ...

Acalambran a los Carrola's (11)

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Acalambran a los Carrola Tomás Cota Sánchez al saber de la muerte del joven Fernando Jordán de la Toba a manos de los Carrola, ordenó que asustaran a Miguel Ángel con el señuelo de que le secuestrarían a su hijo. Florencio Cruz, para cumplir con el encargo del jefe llamó a su privado a Leo Lara indicándole lo que tenía que hacer -- Para ello -- le dijo -- llama de un teléfono público para que no rastreen la llamada. -- No te preocupes -- Contestó -- para estos casos tengo un especialista que se las gasta solo. -- Ten cuidado, al jefe lo traen entre ojos estos cabrones – recomendó. -- Si quieres los quiebro a todos -- dijo Leo acariciando una venganza para satisfacer a sus padres porque, después de una agonía de varios días, le habían provocado la muerte a un ahijado. Los familiares del muertito no pidieron nada por temor a los Carrola -- ¡No! -- Respondió rápido -- el patrón sólo quiere que se acalambren - - agregó -- Además si los ejecutamos se nos vendrían encima las ge...

Tortura fatal (10)

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Tortura Fatal Era domingo 3 de diciembre, y el patio trasero de las celdas clandestinas olía a miedo viejo y a tierra removida. Uno a uno, como reses marcadas para el matadero, los madrinas sacaron a los detenidos bajo las órdenes del sobrino de los Carrola. El aire estaba espeso, cargado de whisky barato, cocaína y la risa rota de quienes ya no distinguen el placer del sufrimiento ajeno. Primero fue Martín Atondo, el duro sinaloense. Lo subieron a la tablita con los ojos vendados, lo pasaron a la cama de tormento y de ahí al pozo negro. La chicharra eléctrica mordió sus testículos como una serpiente de fuego. Para regresarlo al infierno de las celdas, le metieron la manguera por la boca, le taparon la nariz y abrieron la llave hasta que el agua le llenó los pulmones y lo dejó colgando en el umbral del ahogamiento. —¿No quedó nada de anoche? —preguntó el federal consentido, con la voz pastosa de cruda—. Ando muy crudo. Como si la palabra del amo fuera ley divina, aparecieron la botell...

Fernando Jordan (9)

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Capítulo II Fernando Jordán de la Toba Los federales al mando de los Carrola, después de golpear a Martín Atondo Navarro salieron a tomar aire a la banqueta. Por las tardes, un viento agradable proveniente del norte se dejaba sentir en la ciudad de La Paz -- Es el coromuelito -- decían los lugareños. El aire venía con dirección de la playa conocida como el Coromuel, muy concurrida por los vecinos y los turistas. Sus blancas arenas y aguas cristalinas así como lo tranquilo de las olas, hacían de esas playas un lugar seguro para los bañistas. Al caer la tarde decenas de personas que se dedican a la caminata, a mantener en forma su cuerpo o simplemente a la aventura suben, frente a esa playa, a un cerro conocido como la Calavera desde donde observan la puesta del sol sobre la serranía que culmina con la Punta el Mechudo. Lo caprichoso de sus formas invita a sus escaladores a la meditación. El día 2 de diciembre de 1989, el profesor Ricardo Osuna Amador se preparó para sali...