Viene Turengano (16)
Viene Turengano En las sombras eternas de la frontera surcaliforniana, donde el viento del Pacífico susurra secretos de polvo y sangre, se repite como un ritual antiguo la danza macabra del poder. Tras cada estruendo de sirenas, cada detención ruidosa o cada abuso que rasga el velo de la ley, las oficinas centrales de la PGR —como sacerdotes de un culto corrupto— decretan el cambio de jefe en la Policía Judicial Federal. El viejo caudillo cae, y con él arrastra a todo su séquito de fieles y cómplices, para que otro ocupe el trono efímero.Esta vez le tocó a Fulvio Jiménez Turengano, un hombre cuya fama lo precedía como un mal augurio: arreglista entre los mañosos, tejedor de pactos en la oscuridad. Apenas había recibido, se decía en los pasillos del miedo, cincuenta mil dólares de un capo para que le abriera las alas y lo dejara volar fuera del país, como paloma mensajera de la impunidad. Apenas una semana después de su llegada, sin saber a quiénes heriría el filo de su espada, los age...