Ilustre nagudo
En 1975, mientras trabajaba como aprendiz de topógrafo junto al topógrafo en jefe, medimos el recién construido camino de San Isidro a Los Comondús (San José y San Miguel). Durante esa labor, me enteré de una anécdota que marcó la región: otro topógrafo, al no recibir el dinero que había solicitado para evitar dañar un grupo de palmas, se obstinó y derribó catorce de ellas. El pueblo, indignado, lo obligó a pagar mil pesos por cada palma destruida.En esa misma ocasión, escuché una historia sobre don Pablo L. Martínez, quien había sido maestro en la localidad. Según contaban, don Pablo se había encaprichado con una dama del lugar y, en un acto que en Baja California Sur se conoce como “nagudo” (y de manera más general como voyerismo), intentó observarla a escondidas. La mujer, al percibir una presencia extraña, dio un grito, y el maestro, sorprendido, huyó por donde había entrado: una ventana. Alguien del pueblo nos señaló el sitio donde ocurrieron los hechos y nos mostró la casa que, según decían, sirvió como cárcel temporal para don Pablo. A la entrada del pueblo, o al final del camino que medimos, nos hablaron de una cantina, posiblemente hecha de carrizos, que tenía como atracción un cuadro de Ana Luisa Peluffo desnuda, un detalle que captaba la atención de los parroquianos.Años más tarde, Lázaro Perpuly, tras un incendio que afectó varias casas en la zona, me confirmó esta historia tal como la había escuchado, aunque aclaró que don Pablo no había atacado a la dama con un cuchillo, como algunos rumores sugerían. Más adelante, Lázaro repitió la anécdota en presencia de Sandino Gámez, entonces director editorial del Instituto Sudcaliforniano de Cultura.Sin embargo, el Comité Pro Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres investigó estas versiones populares y no encontró evidencia que señalara a Pablo L. Martínez como voyerista, mucho menos que intentara agredir a la dama, ya fuera con un cuchillo en el estómago o con la intención de desfigurarle el rostro, como algunos exageraron. Es posible que la mujer y sus familiares no presentaran ninguna denuncia contra el ilustre sudcaliforniano, considerando que el incidente no pasó de un acto impulsivo de un enamorado que, en su afán, solo buscaba contemplar a la mujer de sus sueños.
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