Lo tumbó la maña
Jorge Chávez fue abatido al salir de una reunión de Codependientes Anónimos, cuando se dirigía a su negocio de pescados y mariscos ubicado en la esquina de las calles Rosales e Ignacio Ramírez, en La Paz, Baja California Sur. Eran las 3:12 de la tarde cuando cayó sin vida sobre el pavimento, donde su cuerpo permaneció hasta el anochecer.Días antes, un video circulaba en redes sociales donde se le amenazaba de muerte. Un mes atrás, otro video lo acusaba falsamente de obligar a los pescadores de San Carlos a venderle sus productos a precios irrisorios. Jorge Chávez llegó a La Paz siendo muy joven, con apenas 20 años. Al momento de su muerte, tenía 62. Se casó con una de las hijas del señor Yuen, conocida por su belleza. Al llegar a estas tierras, comenzó como marisquero con una pequeña hielera. Con esfuerzo, logró adquirir una más grande y, con el tiempo, dos, con las que recorría los campos pesqueros. Así fundó su empresa, Marsel, consolidándose gracias a los contactos que forjó en los muelles, donde compraba el producto directamente de las pangas, obteniendo buenas ganancias.Sin embargo, no todo fue sencillo. En alguna ocasión, aceptó comprar producto vedado a cambio de garantizarse el suministro de pescado de escama. Las ganancias le permitieron abrir un pequeño restaurante y apoyar a personas con problemas de adicción y alcoholismo. Fundó dos grupos de ayuda: uno para Codependientes Anónimos y otro para personas con doble estigma, demostrando su compromiso con la comunidad.La llegada de la delincuencia organizada a San Carlos marcó el inicio de sus problemas. Lo obligaron a dejar de comprar productos de alta calidad, como abulón, langosta y camarón. Aunque intentó sostenerse con pescado de escama, las ganancias se desplomaron. Jorge buscó apoyo en su amigo Martín Inzunza, director técnico del FONMAR (Fideicomiso Fondo para la Protección de los Recursos Marinos), quien le prometió respaldo y le sugirió enfrentarse a los extorsionadores. Sin embargo, Jorge le entregaba regularmente una “mesada” en producto o efectivo, confiando en su protección.Le advirtieron que Martín estaba coludido con la delincuencia y que, si quería seguir con vida, debía cerrar su planta en La Paz. Jorge no hizo caso, confiado en el respaldo del gobierno. Para desacreditarlo, publicaron un video que lo vinculaba falsamente con un grupo delictivo.El pasado jueves, al salir de su grupo de 12 pasos y dirigirse a su planta Marsel, fue atacado a ocho metros de la entrada. Una ráfaga de disparos acabó con su vida al instante.Jorge no merecía este final. Era un hombre generoso, especialmente con los alcohólicos y adictos, de quienes hoy llegan numerosos testimonios que resaltan su bondad y compromiso. Descanse en paz.
Comentarios
Publicar un comentario