Se dió un tiro en el pie

El doble filo de la propaganda: El caso de AMLO La propaganda ha sido un arma poderosa en la política, capaz de moldear percepciones y movilizar masas. En 2018, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) aprovechó magistralmente el neuromarketing político para ganar la presidencia de México. Sin embargo, la misma herramienta que lo llevó al poder parece estar erosionando su imagen, demostrando que la propaganda es un arma de doble filo. El poder del neuromarketing político El neuromarketing, que combina psicología y estrategias de comunicación, busca influir en las decisiones humanas apelando a emociones e instintos. En el ámbito político, esta técnica distorsiona la realidad para crear narrativas que conecten con los deseos y temores del electorado. Históricamente, Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, fue pionero en este campo. En 1929, Bernays organizó la campaña "Torches of Freedom" durante un desfile en Nueva York, donde mujeres de la alta sociedad fumaron cigarrillos en público para desafiar tabúes sociales. Este acto, cuidadosamente orquestado, no solo promovió el tabaquismo femenino, sino que demostró cómo la manipulación emocional puede transformar percepciones sociales. La psicología detrás de estas estrategias se basa en el poder de las emociones. Estudios sugieren que el miedo es el movilizador más efectivo, influyendo en más de la mitad de las decisiones humanas, mientras que la emoción positiva motiva cerca de un tercio. Solo un pequeño porcentaje de personas actúa con racionalidad plena. En este contexto, el neuromarketing permite a los políticos construir narrativas que resuenen con el inconsciente colectivo, término acuñado por Carl Jung para describir los deseos y temores compartidos por una sociedad. La narrativa de AMLO en 2018 Durante su campaña presidencial, AMLO supo explotar estas dinámicas. Presentándose como un héroe popular, prometió un México transformado: encarcelar a expresidentes corruptos, erradicar la violencia de los cárteles y garantizar prosperidad para todos. Su narrativa, cargada de emociones y símbolos de justicia, conectó con un pueblo hastiado de la corrupción y la inseguridad. Frases como "Por el bien de todos, primero los pobres" y eventos públicos masivos reforzaron su imagen de salvador. El costo de las promesas incumplidas Sin embargo, las promesas que impulsaron a AMLO al poder se han convertido en su talón de Aquiles. La falta de resultados tangibles —ningún expresidente encarcelado, persistencia de la violencia y una economía estancada— ha generado desencanto. Encuestas recientes, como la de El Financiero (2024), muestran una caída en su aprobación, especialmente entre sectores que esperaban cambios inmediatos. La propaganda que lo elevó ahora lo expone: al no cumplir con las expectativas creadas, la percepción de AMLO como líder infalible se desvanece. Un arma de doble filo La historia de AMLO ilustra cómo la propaganda, aunque efectiva para ganar elecciones, puede volverse contra quien la utiliza si no se sustenta con resultados. En un mundo donde las emociones dominan las decisiones, los líderes políticos deben ser conscientes de que las promesas vacías tienen un costo. La pregunta para México es: ¿cómo discernir entre la narrativa emocional y la realidad? La respuesta está en una ciudadanía informada, capaz de mirar más allá del poder de la propaganda.

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