El narco tocó al PRD (2)
El narco toca las puertas del PRD nacional: la sombra de Leonel Cota y los tentáculos que escalaron hasta el corazón del partido
En las arterias turbulentas de la política mexicana, donde las ambiciones se entretejen con el poder como hiedra venenosa, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) —aquel otrora bastión de la izquierda idealista convertido en Morena— ha sentido en su carne el roce helado de los tentáculos del narcotráfico. La llegada de Leonel Cota Montaño a la dirigencia nacional no fue un mero relevo burocrático: fue, según múltiples voces que resuenan en los pasillos oscuros de La Paz y la capital del país, la culminación de una penetración silenciosa, paciente y letal. Como en las mejores tragedias de Shakespeare, el veneno se administra gota a gota, hasta que el cuerpo entero se corrompe.
El maletín en “El Taste”
Corrían los días iniciales de la campaña por la gubernatura de Baja California Sur cuando, según un documento elaborado por un colaborador cercano —cuyo contenido se ha puesto a disposición de las autoridades que lo soliciten—, Leonel Cota Montaño habría sostenido una reunión en el restaurante “El Taste”, en las calles Álvaro Obregón y Pineda de La Paz. Allí, hombres vinculados al Cártel de los Arellano Félix le habrían entregado un maletín repleto de dólares. Testigos presenciales de aquella escena, según el relato, incluyen al hoy secretario general de gobierno morenista Saúl González y, por accidente, a Manuel Castro Amador. Esa misma noche, a este último le habrían llevado un fajo de billetes a su domicilio, quizá como bálsamo para acallar escrúpulos o simplemente para alimentar su conocida afición por la bebida.
“Por aquello de que nos cambie el panorama político”, habría murmurado Cota Montaño a Saúl González, ordenándole abrir otra cuenta en el Banrural de Allende y Serdán. Palabras susurradas en la penumbra, como las de los conspiradores de una novela negra.
Días después, en el Ejido El Centenario, Castro y González mantuvieron una conversación que destila cinismo:
—“Cómo van las cosas”.
—“Muy bien, muy bien”.
—“Oye y cómo le hicieron para lograr juntar más dinero”.
—“Mira Manuel, no importa de dónde haya venido el dinero, ni quién lo haya entregado, lo importante es que ya contamos con más de lo que creíamos”.
—“Oye Saúl, tengan cuidado, no agarren dinero nomás por agarrar”.
—“Amigo Manuel, de dónde venga es bueno”.
No hubo video, como aquellos que tanto han incomodado a Andrés Manuel López Obrador cuando señalan a sus allegados. Pero en política, a veces el silencio habla más fuerte que las imágenes granuladas.
Psicología del encubrimiento
La psiquiatría ofrece una clave incuestionable: quien se empeña en ocultar su propia vida suele proyectar sobre el adversario sus miserias más oscuras. ¿No es eso lo que hemos visto? López Obrador, otrora figura autónoma y vertical, parece hoy recibir “sugerencias” que guían sus pasos. Los videos escándalo donde gente muy cercana —no operadores de segundo o tercer nivel, sino manos y brazos del candidato presidencial— recibía dinero de un empresario argentino, siguen siendo una espina clavada. Negar conocimiento de las acciones de quienes compartieron primero el sueño y luego las ambiciones resulta, en el mejor de los casos, ingenuo; en el peor, una deliberada ceguera.
El pasado que no se borra
Leonel Cota carga en sus espaldas recuerdos que no se disipan con el tiempo. Se le señala como responsable de la desaparición y muerte de Gilberto “El Mañanitas” Amador Talamantes, y de complicidades que trajeron desgracia a familias como los Carballo Miranda, Valencia Hirales y De la Vega Gómez. Su gestión en BCS quedó marcada por gestos populistas que olían a teatro: mudarse a una casa de interés social mientras rentaba la residencia oficial “El Caimancito” para eventos selectos, luego mudarla al Acuario y llevarse muebles Luis XV, cuadros de valor, cristalerías finas y hasta libros. El pueblo votó por austeridad; recibió escenografía.
La bitácora de vuelos del jet privado de su antecesor “se perdió” misteriosamente. Aquel documento que prometió transparentar nunca vio la luz. En cambio, las persecuciones a colaboradores del exgobernador sirvieron para negociar silencios. A su excuñado Oscar Cota le quitó una casona en 5 de Mayo para dársela a su hermana Georgina, quien hoy la renta al PT. Y siendo diputado local, Carlos Godínez habría negociado con él a cambio de no insistir en abrir esa bitácora que, según se rumoreaba, revelaba viajes a Las Vegas con amantes o socios más peligrosos.
Un partido herido
El PRD, golpeado por todos lados durante años, terminó abriendo sus puertas a estos vientos. Lo que comenzó como infiltración en un estado del noroeste se elevó hasta la dirigencia nacional. Hoy, el partido que nació para combatir al autoritarismo priista enfrenta la paradoja de cargar con sombras aún más densas.
En la literatura del realismo mágico mexicano —ese que mezcla política, poder y muerte— esta historia encajaría sin esfuerzo. Pero aquí no hay magia: solo ambición, dinero sucio y la erosión lenta de las instituciones. El narco no siempre entra con balas; a veces basta un maletín en un restaurante de La Paz, una cuenta bancaria discreta y la promesa de que “de dónde venga es bueno”.
La pregunta que queda flotando en el aire, como humo de cigarro en una habitación cerrada, es si el PRD cambiado a Morena —y quienes lo acompañan en proyectos mayores— aún conservan la independencia para sacudirse estos tentáculos, o si ya forman parte inseparable de la trama. La historia, implacable, juzgará. Y México, como siempre, pagará la cuenta.

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