Objetividad (2)

11.11 Otro hecho objetivo en la práctica de la objetividad es que la perfección es la más rara de las virtudes: Escribimos un artículo sobre esta poco conocida verdad hace algún tiempo. Su título fue "EI mito de la perfección”. lo hicimos porque pensamos que la mayoría de la gente no se percata de que la perfección está fuera del alcance del individuo promedio en esta vida. En él hicimos notar que ”Un patrón humano espera y exige resultados; Dios todopoderoso espera y exige sólo un esfuerzo sincero - buena voluntad-. Muchos problemas emocionales son fraguados al esperar demasiado de nosotros mismos en la vida. Y se fraguan muchas dificultades emocionales en los niños al enseñarles a esperar demasiado de sí mismos. Algunas de las metas impuestas a los niños por los padres nunca pueden alcanzarse. No es de sorprenderse que estemos criando individuos más y más neuróticos y frustrados. Dios nos dice que seamos perfectos. Esa es la meta final. Esperamos empezar ahora y obtenerla en la eternidad. Él nos conoce mejor que nosotros mismos. Por tanto Él conoce las debilidades innatas de la naturaleza humana. Él exige la perfección de la buena voluntad - no la perfección de acción. No hay límite para la altura de la meta; pero muchos tratan de llegar demasiado de prisa. Es por eso que la perfección es la más rara de las virtudes. La mayoría de la gente se tropieza con su propia soberbia y vanidad en el camino. 11.12 Todos los puntos anteriores sobre la objetividad nos llevan a la conclusión de que es una necesidad absoluta para el equilibrio emocional y sano juicio al practicar el término medio y hacer a un lado lo excepcional. No importa quienes seamos, la verdad objetiva es que sólo somos seres humanos comunes, no excepcionales. Cuandopensamos que somos excepcionales, es cuando surgen las dificultades. Esto crea el tipo emocional de desilusión que tan comúnmente encontramos en el semillero del alcoholismo, y también en la persona emocionalmente confundida. Con mucha frecuencia ésta última no puede tolerar estar entre la gente, y al mismo tiempo se siente horriblemente desolada. ¿Cuándo sucede este fenómeno? sucede cada vez que cualquiera piense que cualquiera que está por encima del grupo, o por debajo del grupo, o que es diferente del grupo, o está en contra del grupo. Tal persona ha creado la soledad para sí. La presencia de la gente no elimina la soledad. Uno puede sentirse muy solo en medio de miles de personas. La soledad es interior y surge de las falsas convicciones de que somos excepcionales, diferentes. Para eliminar un problema emocional, debemos empezar a convencemos a nosotros mismos de una vez por todas de que somos comunes - y luego debemos continuar la práctica de rechazar lo excepcional. ¿A que se debe esto? Simplemente a que, si somos excepcionales, diferentes del grupo, entonces no es posible que nadie nos comprenda y siempre estaremos convencidos de que nadie tiene los problemas que tenemos nosotros. Por otra parte, una vez que nos convencemos de que somos sólo comunes, empezamos a identificamos con el grupo, empezamos a ser parte del grupo, participamos de la seguridad del grupo, nos adaptamos nos liberamos de las fricciones, de las frustraciones de la rebeldía y de los innumerables resultados de ser excepcionales. Y entonces seremos sanos- emocionalmente. Tendremos sano juicio -porque, como ven, somos sólo comunes, y las personas comunes gozan de sano juicio. Es curioso, pero generalmente aquél que más piensa que está por encima, o por debajo, o que es diferente de los demás - ¡no lo es! -. 11.13 Para practicar la objetividad debemos practicar la disposición de aguantar el malestar. La renuencia a tolerar el malestar es generalmente el primer paso al escape de la vida. Ciertamente esto no es objetivo, y desde luego no es realista. La realidad nos indica que una gran parte de nuestras vidas la pasaremos con malestares. De hecho, mientras más avancemos en edad, una mayor cantidad de dolores y malestares se convierten en la carga del diario vivir. Ya menos que practiquemos la disposición de tolerar el malestar, podemos terminar en la eterna búsqueda de ese plano de falta de dolor que todo alcohólico y neurótico ha buscado por tanto tiempo sin resultado alguno. Un médico de uno de los sanatorios en los que estuve internado por un tiempo me dijo que casi todos los pacientes sin excepción hacían la observación: Sabe usted doctor, soy una de esas personas que nunca ha podido tolerar el dolor. ¡Me lo dijo después de que yo me había quejado justamente de lo mismo! Una de las dificultades básicas en la vida del neurótico es su renuencia a tolerar estos malestares y dolores diarios. Siempre busca una pastilla. El alcohólico, busca la botella. Y el alcohólico neurótico a veces llega al punto de buscar la pastilla y el alcohol. ¡El plano de la inexistencia del dolor! ¡El fuego fatuo! ¡El espejismo emocional! ¿Recuerdan lo que se ha dicho sobre el sufrimiento? 11.14 La objetividad nos subraya otra verdad muy importante. Se ha hecho una breve mención con anterioridad. Todos los síntomas nerviosos son molestos, pero no peligrosos. La fatiga nerviosa, de acuerdo con Recovery Inc., es un mito. Por tanto, la fatiga del neurótico no es una fatiga real, y puede, como lo hemos visto antes, mover los músculos a pesar de lo cansado que se sienta. Todos los síntomas nerviosos (dolores de cabeza, nauseas,depresión,angustias, crisis de llanto, estremecimientos, temblorinas, etc.), pueden ser y generalmente son muy molestos, pero no necesitamos temerles. No nos harán daño. Cuando luchamos contra ellos, sólo aumentan de intensidad y su presencia se prolonga. En consecuencia el neurótico, la persona emocionalmente perturbada, debe siempre tener presente éste punto de objetividad como un axioma permanente, si es que espera arrestar en condición o recuperarse. Una vez que el médico haya asegurado que no hay nada mal ni física ni fundamentalmente, que nuestras sensaciones son sólo eso -sensaciones- y no enfermedades físicas; o una vez habiendo sido asegurados por un mentor espiritual competente de que nuestras enfermedades espirituales no son reales o importantes, debemos recordamos a nosotros mismos una y otra vez -día con día- que los síntomas nerviosos son molestos, pero no peligrosos. Entonces podemos sobrellevar nuestra vida diaria sin temor, ignorando los síntomas, percatándonos de que todas las cosas negativas de la vida desaparecerán ante la falta de atención; porque los síntomas emocionales son negativos -no son objetivos. Pueden ser molestos, pero nunca peligrosos. 11.15. Después, tenemos lo fundamental en la práctica de la objetividad. Aprendamos a practicar el rechazo de los pensamientos causantes de la tensión. Todos los problemas emocionales básicamente se inician en la vida pensante del individuo. La causa verdadera puede ser externa, pero la reacción de la persona a esa circunstancia externa hace explotar la dificultad emocional. Por lo tanto, si nos podemos deshacer de los pensamientos causantes de las tensiones, automáticamente nos desharemos de la tensión, que es el ingrediente primordial de todos los disturbios emocionales. Veamos primero cuáles son los pensamientos que originan las tensiones. Cuáles son las fuentes de esos pensamientos. Luego, una vez conociendo estos orígenes, estaremos mejor capacitados para rechazar los pensamientos desde su origen: Hay seis fuentes que originan los pensamientos, que causan tensión. Estas son: temperamento colérico, temperamento temeroso, autodiagnóstico; anticipar peligros, buscar lo excepcional en nosotros o en los demás, y rehusarse a aceptar o a cambiar las circunstancias. 11.15.1 Disposición Colérica. Esta disposición es una convicción muy íntima de que la otra persona está siempre equivocada. En ella se originan el resentimiento, la venganza, etc. 11.15.2 Temperamento temeroso. Este proviene de la convicción de que siempre se está equivocado. ¡Pobre de mi! Es el semillero de la autocompasión, de la melancolía, de la depresión, etc. 11.15.3 Autodiagnóstico. Este tiene su raíz en la mentalidad que está convencida de que sabe más. El resultado es: desaliento, desesperanza, futilidad, etc. 11.15.4 Anticipar Peligros. Esta actitud generalmente está asociada con una imaginación demasiado activa. Sus hijos son: los temores, las fobias, el aislamiento, etc. 11.15.5 Buscar lo Excepcional. Detrás de esta actitud existe una arraigada soberbia. Esto fomenta un mayor orgullo, vanidad, egocentrismo, dureza, etc. 11.15.6 Rehusarse a aceptar o a cambiar las circunstancias. Detrás de este pensamiento con frecuencia existe una profunda pereza. A raíz de ella surge la falta de iniciativa, el fracaso, el darse por vencido, etc. Pero podemos controlar todas estas fuentes de tensión, ya sea que causen serios problemas, practicando la objetividad. Esto se puede hacer, ya sea redesignándolas o rechazándolas. De modo que, aunque ocasionalmente no podamos deshacemos de ellas. al redesignarlas colocaremos en la categoría de la objetividad, de la verdad, y ya no nos lastimarán más. Rechazamos los pensamientos causantes de la tensión, ya sea rehusándonos a permitimos retenerlos o simplemente ignorándolos. El primer método es logrado con mucha mayor facilidad si empezamos por cambiar nuestras actitudes. Nuestros pensamientos generalmente son resultado de nuestras actitudes. Por tanto, si nuestra actitud hacia los demás es reemplazada por la verdad objetiva de que los demás no siempre están equivocados y de que nosotros no siempre estamos en lo correcto, y también de que nosotros no siempre estamos equivocados, sino que los demás a veces no tienen la razón, nosotros a veces no tenemos la razón, y muchas veces todos estamos en un error, entonces no nos molestará con tanta frecuencia la disposición colérica causante de tensiones. La verdadera tolerancia podría crecer en este semillero de realidad. Cuando lleguen estos pensamientos -y vendrán-la mejor manera de rechazarlos será ignorándolos. He aquí nuevamente que el axioma de que todas las cosas negativas de la vida desaparecen ante la falta de atención en el arma más efectiva contra estos pensamientos negativos. Pero, ¿que hacer si no podemos rechazarlos? Esto sucederá si es antiguo el hábito de tener una disposición colérica y de pensar equivocadamente en este caso, nuestra arma será la de redesignar los hechos. Esto los objetivizará. Tomemos un ejemplo: Nuestra disposición se encuentra colérica debido a algo que ha sucedido, y sufrimos la plaga de los pensamientos resultantes o de la depresión, etc. Lo designamos: molesto, pero no peligroso. Eso es lo que verdaderamente es y en consecuencia ¿para qué combatirlo? Debemos especialmente usar este método de redesignación al manejar los temores, las sensaciones, las reacciones físicas, etc. de origen neurótico. Si no podemos cambiarlas o rechazarlas, entonces podemos tolerarlas; por lo menos durante un día mas! Y una vez que nos percatemos plenamente de que no hay otro camino, entonces seremos objetivos y las toleraremos no obstante lo molestas que sean -; puesto que no son peligrosas! O como dice Recovery: Cuando estemos cansados y abatidos de estar cansados y abatidos, haremos algo para remediarlo. Otra manera de redesignar los pensamientos causantes de tensiones y sus reacciones en nuestro interior es la de llamarlos: comunes, no excepcionales. Entonces, a pesar de lo .tremenda que nos pueda parecer la sensación o la reacción, empezaremos a percatamos de que la realidad del caso es que solamente es común, no excepcional. Y así, uno de estos días abriremos los ojos ante el hecho objetivo de que la mayoría de la gente resiste cosas mucho más graves que todas estas situaciones molestas a las que tanta importancia les damos, y de las que ni siquiera se queja. ¿Por qué? Porque sabe que esto es común a la raza humana. Eso es objetividad; esa es la realidad, porque objetividad es realidad y realidad es objetividad. El ajustarse a la realidad en vez de a la fantasía y a la falacia, proporciona seguridad; da paz interior; ¡logra el equilibrio! Las emociones del ser humano que lo apartan de la realidad y lo llevan al plano de todo tipo de enfermedades nerviosas no se encuentran en los Diez Mandamientos, pero pueden destruir completamente el crecimiento espiritual, obstaculizando la gracia de Dios. Pueden afectar más la mente humana que cualquier traumatismo físico. Pueden ser (y con frecuencia son), el origen de sufrimientos interminables. Sin control, o mal interpretadas, son también un obstáculo formidable para el sano juicio. Tanto el sano juicio como la santidad se construyen sobre una comprensión y control de estas fuerzas engañosas que yacen dentro de nosotros. Logramos este control a través de la práctica de la objetividad. Pero como todas las cosas de la vida, cada quien debe hacerlo por sí mismo. Y empezamos con el cambio de nuestras actitudes sobre estos orígenes básicos de la tensión y de las dificultades, percatándonos de una vez por todas de que: a) Los demás no siempre están equivocados; a veces lo están; a veces lo estamos nosotros; muchas veces ambos estamos equivocados. b) Nosotros no estamos siempre equivocados. A veces ellos lo están; a veces nosotros lo estamos: a veces ambos estamos equivocados. c) ¡El autodiagnóstico es sabotaje! Las enfermedades físicas deben ser diagnosticadas por el médico, no por nosotros. Las enfermedades emocionales deben ser diagnosticadas por el doctor, no por nosotros. Las enfermedades morales y espirituales deben ser diagnosticadas por los clérigos, no por nosotros. d) El anticipar siempre peligros (lo peor) es peligroso. Toda expectación debe ser calmada, no temerosa; y debemos ser expectantes, no desalentados. Puede suscitarse una guerra; pero también puede haber paz. Hay que recordar el dicho: .No le des los buenos días al demonios no hasta que te topes con él.. e) La persona excepcional en la vida es muy, muy rara, y nosotros no somos esa persona. Todos somos comunes, tediosamente comunes; así es que ni siquiera tratemos de buscar lo excepcional en nosotros o en los demás. Con base en esta convicción están fundadas la verdadera humildad y estabilidad. f) Debemos pedirle a Dios cada día que: ”Nos conceda serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar; valor para cambiar las que si podamos y sabiduría para conocer la adherencia. ¡Eso es objetividad! ¿La alternativa? Mencionaremos algunas cuantas: Palpitaciones Fatiga Dolores de cabeza Náuseas Entumecimiento Vértigo Depresión Tensiones Falta de concentración Olvido Visión nublada Ansiedades Preocupaciones Debilidad Ataques de llanto Sudores Temblorina Prisa Estremecimientos Escrupulosidad Pereza Hablar en exceso Remordimiento Desaliento Neuritis Ulceras Desesperación Pánico Una vez habiendo aprendido, comprendido y empezado a practicar los pasos anteriores, entonces, y sólo entonces podremos verdaderamente intentar a empezar a vivir. Esto lo hacemos en el duodécimo Paso. Aprendemos a aplicar uno de los principios más importantes de A.A. Aprendemos a: VIVIR Y DEJAR VIVIR.

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