Los mentirosos (11)
PRÓLOGO
El Cerebro Desconectado: Anatomía Clínica de la Cuarta Dimensión
La política, antes de ser un compendio de ideologías, tratados económicos o discursos de plaza pública, es un fenómeno estrictamente biológico. Ocurre dentro de una masa de kilo y medio de tejido blando, vasos sanguíneos y miles de millones de neuronas que llamamos cerebro. Por lo general, el cerebro humano evolucionó para interactuar con la realidad: si el cuerpo experimenta calor, el sistema nervioso busca sombra; si un habitante de una ciudad abre un grifo y solo escucha el silbido seco del aire, su corteza cerebral registra un dato empírico e innegable: no hay agua.
Sin embargo, en la geografía mítica de la República de la Simulación —y de manera cruda y reseca en la Bahía de La Paz— rige una física neuronal radicalmente distinta.
Este libro no es una crónica periodística, ni un panfleto de oposición, ni una recopilación de agravios presupuestales. Es, en su sentido más estricto, un reporte clínico. Una autopsia literaria a la mente del burócrata de la Transformación. A través de la técnica de la clave romana, las páginas que siguen examinan un experimento de neuroplasticidad masiva sin precedentes en la historia moderna: la mutación del lóbulo frontal ante los estímulos del poder absoluto.
El lector asistirá al espectáculo de un gabinete cuyos integrantes han logrado lo que la neurociencia consideraba imposible: la extirpación voluntaria de la disonancia cognitiva. Cuando un político del régimen contemporáneo jura ante los micrófonos que "no sabía, no estaba enterado" de la narcofosa que florecía en su patio trasero, o del desfalco hidráulico que dejó los tubos vacíos, no estamos ante una simple mentira maquiavélica. Reducir su conducta a la hipocresía es un error de diagnóstico. Lo que ocurre en sus cabezas es una maravillosa y aterradora desconexión sináptica.
Para que el proyecto funcione, el cerebro del funcionario debe atomizar su memoria a corto plazo. Su hipocampo debe aprender a borrar las fotos oficiales con los delincuentes caídos en desgracia con la misma velocidad con la que un algoritmo de búnker limpia las bitácoras de los jets privados. Su amígdala debe inflamarse de indignación proletaria para justificar el uso de transportes VIP, transformando el lujo burgués en una necesidad táctica de la revolución. Y, por encima de todo, su corteza prefrontal debe rendirse ante el bucle dopaminérgico del Oráculo del Alva, ese gran mitómano pseudológico que enseñó a toda una estirpe que la realidad es una opción maleable y que la verdad se posee, no mediante la evidencia, sino mediante el decreto matutino.
Bienvenidos a la pasarela de la amnesia programada. Aquí verán a La Científica del Silencio operando el gobierno con la frialdad de un procesador de datos sin empatía; al Alquimista del Senado tejiendo laberintos legales para volver obligatoria la ceguera; al Profe del Desierto evaporando promesas bajo el calor de la península; y a La Barredora institucional logrando el milagro metafísico de volver invisible al mismísimo exjefe de las Fuerzas Armadas en una calle de la capital.
La literatura satírica siempre ha tenido una función democrática: actuar como el sistema de verificación que el poder intenta destruir. Cuando los gobernantes apagan sus circuitos de la conciencia y declaran no ver, no oír y no saber nada de las tragedias que provocan, estas páginas se encargan de encender los reflectores. Pase usted adelante, lea bajo su propio riesgo cognitivo y descubra cómo, en la era de la continuidad autómata, la mentira ha dejado de ser un pecado para convertirse en la única ciencia oficial del Estado.

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